miércoles, 16 de mayo de 2007

¿Quo vadis latinoamérica?

Quien ama el dinero, no se saciara del dinero y por extensión, quien ama el poder, no se saciara del poder. No hay grandeza en el deseo y si en el deber. Mal anda un país en el que un gobierno, que se dice electo por sus ciudadanos, permite que un grupo o grupos de estos, desordenen contra otros ciudadanos y los agredan. Dice Martí que quien siembra odio, recoge tempestades; los gobiernos de Cuba , Venezuela y últimamente Ecuador, no dan una buena muestra de civilidad y modernidad cuando se lee en las noticias como el gobierno pasa por alto el desorden provocado por ciudadanos agrediendo a ciudadanos, impidiendo a ciudadanos ejercer derechos que les son inherentes por las mismas leyes.
En el caso de Cuba, dictadura de larga data, ya incluso se han modificado esas leyes, por el mismo gobierno supuesto a garantizar el orden y la convivencia en el país para medrar “legalmente” contra aquellos que tienen opinión distinta y la sostienen públicamente. En Venezuela y Ecuador, los actuales gobernantes, como buenos émulos del anciano dictador, perfilan sus gobiernos al mismo estilo totalitario de Cuba.
A menudo se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, yo acostumbro a agregar que quizás sea eso lo que nos situó en la punta de la pirámide en el reino animal. Muchos nos preguntamos con razón, si los países latinoamericanos tropezarán nuevamente con la molesta piedra del gobierno que se impone sobre sus ciudadanos para mal de estos últimos.
Una persona informada, difícilmente repita el mismo error de las que vivían en países como la antigua URSS, los países del este y otros que han naufragado a la misma desgracia. Luego del fracaso, porque como sistema de gobierno fue un fracaso, en esos países, no necesariamente se tiene que repetir la oscura y aviesa historia de los antes mencionados. Hay suficiente material y conocimiento, para que los ciudadanos de los países de Latinoamérica, no repitan estos mismos errores.
Una mentira repetida no se hace verdad, pero si no tienes quien te diga la verdad, esa mentira se hará eterna. Si algo debe repetirse, es la historia de estas dictaduras “proletarias”, de estos gobiernos del “pueblo”, de este “socialismo”, que tiene más de reunión de socios para maldad sobre las personas que otra cosa y que llamado por su nombre es dictadura. Realidades sencillas como las del cubano, que huye del supuesto paraíso de Fidel Castro, aun a riesgo de perder su vida, y que para aclaración de los despistados, si como dice el gobierno cubano es económica, pues la culpa es del mismo gobierno que controla la economía.
Es necesario crear e implementar medios para hacer llegar la historia a través del material existente y otros que se pueden crear, a los latinoamericanos que hoy.
El ser humano está presto siempre a encontrar la causa de sus males en el prójimo, a desear la buena fortuna del prójimo en algo parecido a “¿porque él y no yo?”. Las bajas pasiones y toda característica malévola que subyace en nosotros, son explotadas con creces por personas como Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales y Correa; son expertos en buscar y encontrar todo lo que divide al ser humano, en convertir al hombre en lobo del hombre para su beneficio y deseo de poder. Tras la careta de igualdad y justicia social, ocultan el verdadero rostro, el rostro del deseo de poder absoluto y vitalicio.
En el caso particular de Cuba, ejemplo de lo que no debe pasar en esta humanidad, si antes de 1959 robaban los gobernantes por lucro, hoy roba todo el pueblo por necesidad; si antes de 1959 había analfabetos, hoy a los alfabetizados se les permite leer información que únicamente provenga del gobierno, tergiversada para llenar sus propósitos, que no los del pueblo; si antes de 1959, algunos pasaban hambre y miseria, hoy es la inmensa mayoría de los cubanos pasamos hambre y miserias.
Seríamos cómplices por omisión, si no llevamos esta alerta a Latinoamérica, por medios como la radio, la televisión y los periódicos, si la palabra de verdad contenida en la historia no llegase a aquellos que hoy rinden a pichones de dictador sus derechos y los de sus conciudadanos a una vida mejor para todos y con todos, que se permiten ser llevados como reses de matadero, a agredir al prójimo, en algunos casos por medio de la violencia y la intimidación.

La sabiduría clama en las calles,
Alza su voz en las plazas;
Clama en los principales lugares de reunión;
En las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones.
¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza,
Y los burladores desearán el burlar,
Y los insensatos aborrecerán la ciencia?

Cuando la sabiduría entrare en tu corazón,
Y la ciencia fuere grata a tu alma,
La discreción te guardará;
Te preservará la inteligencia,
Para librarte del mal camino,
De los hombres que hablan perversidades,
Que dejan los caminos derechos,
Para andar por sendas tenebrosas;
Que se alegran haciendo el mal,
Que se huelgan en las perversidades del vicio;
Cuyas veredas son torcidas,
Y torcidos sus caminos.
Pr. 1.20-22, 2.10-15

1 comentario:

parapiti pora dijo...

PARTIDO DE GOBIERNO HOMENAJEA A STROESSNER EN PARAGUAY
(X Luis Agüero Wagner, publicado en La Naciòn de Asunción, el 23 de Septiembre de 2006)

Una anómala demostración de coherencia realizó la dirigencia colorada en la última semana rindiendo un diferido homenaje a quien en vida fuera su presidente honorario y a quien por ocho veces elevaran como candidato a la presidencia de la República, el general Alfredo Stroessner. Una derrota en votaciones del Congreso que el único líder jamás hubiera permitido, era al parecer el detonante que faltaba para tomar coraje y consumar este abierto desafío a ciertos dictadorzuelos de la prensa, que viven jactándose de su lucha selectiva contra ciertas etapas de la dictadura que les munió de recursos para inaugurar sus medios de comunicación.
Hablo de coherencia porque la abrumadora mayoría de los colorados, si no la totalidad, considera a Stroessner el mejor gobernante de la historia del Paraguay. Los más recalcitrantes contestatarios del Mopoco, por ejemplo, no vacilaron en cerrar filas en torno el número 2 del régimen estronista, abandonando en pocas semanas el Acuerdo Nacional cuando se les invitó a participar de la repartija de la torta, sin renegar jamás del 13 de enero, del reatado hilo de la historia, de la democracia sin comunismo, de la Unidad Granítica ni de los beneficios que prometía a cambio de la lealtad incondicional el más importante narcotraficante de la historia del país.

Como si Stroessner fuera apenas uno de los diez avatares del Dios hinduísta Visnu, encarnado para luchar contra el mal, los estronistas a su vez pasaron a ser sucesivamente rodriguistas, argañistas, wasmosistas, oviedistas, cubistas, gonzalezmacchistas para ahora, como buenos adoradores de la deidad de turno, transmutarse en rabiosos tendotistas. Es que deben seguir "haciendo méritos", como dicen ellos en su candidez.

Demás está decir que jamás renunciaron, a la hora de hacer negocios -con o sin Stroessner- a los parámetros establecidos durante la hegemonía de la dictadura. Vale decir, con el dinero público como principal fuente de poder y enriquecimiento personal y con los créditos externos como principal fuente de dinero público. Como no homenajear a Stroessner, si jamás han renunciado a la creencia de que la adscripción ciega a las políticas imperialistas sacará al país de su marasmo, a pesar de que esta obsecuencia determinó y sigue incentivando atroces violaciones de los derechos humanos, persecución ideológica y proscripción política, sin que la población hoy conozca de los presuntos beneficios tras 66 años de obediente alineamiento a Washington.

La ANR también se sigue riendo de su propio ideario liberal, producto del discípulo mitrista José Segundo Decoud, precursor ideológico que comparten colorados con el Partido Liberal. Se sigue riendo de la Constitución Nacional, entelequia esotérica que los prohombres del coloradismo históricamente han utilizado como felpudo, de Bernardino Caballero a Nicanor.

Siguen acusando de traición a la patria a quienes por profilaxis alejan créditos de sus bolsillos, olvidando a los 23 miembros de la Legión que firmaron su acta fundacional por orden de su jefe Bernardino Caballero, por entonces ungido de autoridad policiaca sobre los mismos por las fuerzas brasileñas de ocupación.

Por debajo de la mesa y a veces también por encima, se siguen dando de la mano ministros y altos funcionarios de empresas estatales con el empresariado corrupto y el crimen organizado. Todavía está fresco en nuestra memoria el recuerdo de cómo la llamada de un diputado al presidente abortó un operativo antidrogas en el noreste del país.

Al igual que durante el régimen de Stroessner, se sigue apelando a rentar opositores para legitimar los designios autocráticos desde el Congreso. Ahí están frescos los recuerdos de la "brillante actuación" de Laíno y Filizzola durante el periodo Legislativo 2005-2006. El vasto sistema prebendario en torno a las reparticiones públicas no ha parado de crecer, aunque algo deba hoy compartirse en la Justicia Electoral y otro tanto con la prensa clientelista, exigencias de un Paraguay moderno y democrático.

Al igual que en los gloriosos tiempos de la dictadura anticomunista, el embajador norteamericano despotrica contra las revoluciones marxistas-leninistas con amplio respaldo de la supuesta prensa antiestronista, más vocinglera anticomunista y maccartista que el mismo Stroessner. Igual hoy que hace medio siglo, vaticinan el inminente fin del régimen castrista mientras convocan a Paraguay como infalibles panelistas a periodistas a sueldo de la ultraderecha estadounidense, envueltos en escándalos de corrupción como Carlos Alberto Montaner. Y mientras la junta de gobierno homenajea con añoranza a Stroessner, el culto al máximo caudillo colorado retoma en el presente sus niveles más enfermizos y se sueña en la reelección indefinida con que Lyndon Johnson agració a Stroessner, por más tiempo que haya pasado desde que dejaron de sonar los Beatles y concluyó la guerra de Vietnam.

Incontestable muestra de coherencia de la ANR con su línea histórica, aunque vaya acompañada de los melancólicos lagrimones de nostalgia que acompañan a la derrota en una votación.